Tacos de Canasta HistoriaLa capital del taco de canasta

Este antojito es el sustento de media población de San Vicente Xiloxochitla, Tlaxcala, que en los años 50 tuvo su primera generación de taqueros.

TLAXCALA, Tlax.- La escasez de empleos dio origen a una actividad que se ha convertido en el sustento económico de más de la mitad de los pobladores de San Vicente Xiloxochitla, lugar conocido en los alrededores como la capital del taco de canasta.Todos los días se ven desfilar entre las 7 y 8 de la mañana a decenas de taqueros que utilizan como medio de trasporte su bicicleta para llegar a sus puntos de venta en los municipios cercanos. Salen cargados de una canasta repleta de tacos doblados (entre 250 y 400) que invariablemente son cubiertos de un hule azul para que conserven su calor, y a los costados llevan dos frascos de salsas, roja y verde. Algunos durante su trayecto van vendiendo, pues obreros, estudiantes o empleados los encuentran en su camino y aprovechan para desayunar. Tacos de Canasta HistoriaOtros taqueros que no encontraron un espacio de venta en Tlaxcala se van en camionetas o en trasporte público a lugares más retirados como el Distrito Federal, Puebla e Hidalgo, pero no olvidan sus instrumentos de trabajo (bicicleta, canasta, frascos y un hule azul), incluso éstos viajan al iniciar la semana y residen en esos lugares, pero el viernes o sábado se regresan. San Vicente Xiloxochitla pertenece al municipio de Nativitas que se ubica al sur del estado; en los años 50 tuvo su primera generación de taqueros, refiere el presidente de la comunidad Vicente Sánchez Romero, quien estima que 50% de esa población, de 5 mil habitantes, se dedica a vender tacos de canasta. "Aquí la mayoría somos taqueros, porque el campo ya no deja y las fábricas pagan muy poco. Me acuerdo que fue por 1954 cuando se empezó a ver a varios taqueros; primero fueron unos 20 y después se fue incrementando el número, ahora la mitad del pueblo se dedica a esto para sostener a sus familias", refiere Sánchez Romero.

La feria del taco de canasta

Tacos de Canasta HistoriaPor la popularidad que lograron los tacos de canasta de San Vicente, la población decidió organizar una feria del taco que se realiza en el primer fin de semana de diciembre; la intensión es compartir con amigos y visitantes el sabor y tradición de este alimento hecho con pequeñas tortillas sazonadas en aceite y rellenas de frijol, papa y chicharrón, pero para ofrecer más variedad, algunos también hacen de pipián y mole. Previo al día de la feria del taco, el pueblo nombra una comisión que se encarga de hacer más de 3 mil taquitos que se regalan en la plazuela de la comunidad a todos los que ese día acuden al evento que es acompañado de cuetes, una misa de gracias, juegos mecánicos y baile.

 

 

 

Del itacate tlahuica a los tacos de canasta o sudados

Tacos de Canasta HistoriaEl primer banquete de tacos documentado fue el memorable festín que, en agosto de 1521, Hernán Cortés ofreció en Coyoacán a sus capitanes y tropa.

Una gran comilona de frituras de puercos (primeras carnitas) traídos de Cuba acompañadas del pan ese que llaman tortillas (tlaxcalli). El banquete fue “regado” con abundante vino, traído en un navío desde Castilla, por las alegrías de haber ganado la tan grande y tan populosa ciudad de México.

Los tacos ya se comían en el México central; en 1500 a. C. eran los tlaxcalpocholi de chile y frijoles, de nakakoyonki (barbacoa) de guajolote, aves y mamíferos silvestres y xoloitzcuintle, las tortillas se hacían en piedras lisas calientes, el comal de barro aparece en el 1000 a. C. Ni en el náhuatl ni en ninguna otra lengua indígena existe palabra de donde surja taco, son sólo mitos.

Este nombre se empezó a usar en México hace apenas un siglo.

Los tacos de canasta o sudados tienen su origen en la cultura mexica-tlahuica. Ya en la Colonia se extendieron por el centro del país, fue el almuerzo de los indígenas que salían de su pueblo a las labores del campo y rayando el medio día hacían un espacio en su trabajo a la sombra de un cazahuate, ceiba o copal para tomar sus alimentos en pequeños grupos sentados en algún tronco.

Este almuerzo era colocado al centro de cada grupo, contenido en una pequeña canasta de mimbre (de ahí el nombre actual), donde en varias servilletas muy limpias se habían envuelto los tacos doblados a la mitad colocándolos de dos en dos formando un circulo, así se encimaban hasta hacer un altero; las servilletas se amarraban firmemente en la parte superior haciendo nudos con la puntas cruzadas formando un compacto paquete conocido como itacate (del náhuatl itakatl; atado de comida) y encima mas servilletas elaboradas con el codiciado algodón tlahuica, siempre presentes en las comidas prehispánicas mexicas, así se “sudaban” y se conservaban calientes. Antes, los tacos se habrían barnizado con manteca caliente y adobados ligeramente con una salsa de chiles criollos secos, de esta manera llegaban por lo menos tibios a la hora de consumirse.

Generalmente el itacate era de un solo guiso pero con sabor a pueblo, que podía ser un adobo, o salsa de ciruelas verdes, salsa de guajes o mole si se había tenido alguna fiesta recién, con hebras de carne de res, puerco, armadillo, iguana o conejo, otros eran simplemente de sal, de quintoniles, frijoles refritos o de la olla. Además en Morelos los había de acociles (pequeños camarones de Zempoala), charales y jumiles, que se vendían los días de plaza.

En Guerrero, además de estos insectos, también eran de hormigas tostadas; en Puebla y Oaxaca de chapulines y escamoles, estos también en Hidalgo y Tlaxcala. Siempre se acompañaban de pepitas de calabaza recién tostadas en comal de barro barnizado con cal, antes, pasadas por un ligero atole de maíz y sal; si era temporada de lluvias el almuerzo se complementaba con pápalos que crecen bajo los árboles. Por un lado de la canasta se colocaba un jarrito con salsa molcajeteada aderezada con cilantro y cebolla groseramente picada, este se tapaba con una hoja de totomoxtle (tamal), amarrada con un tira de la misma hoja.

En las zonas frías no faltaba un pulquito, en las calientes un mezcalito servido en un trozo de pepino o algún vegetal ahuecado, limones y el “agua limpia”, llevados en bules, una especie de huajes o calabazas secas ahuecadas, donde se conservaban muy frescos ya que no recibían la luz del sol.

Si el campo de labor estaba muy lejos, los campesinos lo llevaban desde temprano, si quedaba a menos de una legua (una hora a pie), sus mujeres lo llevaban y al momento de consumirse esperaban pacientes bajo una sombra a prudente distancia. Después lo acostumbraron; mineros, obreros, escolares, en peregrinaciones, ferias, viajes y días de campo. Si se tenía cerca un árbol de bonete o de guamúchil con sus frutas, ya se tenía el postre.

Todo se preparaba en el tradicional tlecuil prehispánico que todavía es el lugar de reunión familiar, el eje y corazón del hogar, especie de estufa de leña que aún se conserva en algunas poblaciones indígenas, como Tlacotenco, Amatlan, Coatetelco, Tetlama, Cuentepec y Xoxocotla.

Del aldeano itacate tlahuica surgieron estos gustosos tacos conocidos hoy como sudados o de canasta.


 

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Comentarios  

0 # Olga 02-07-2014 18:45
Orale, que buena nota para conoce de donde y a quien tenemos que agradecer estos tacos tan ricos, al menos a mi me gustan mucho...
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0 # Fernando Aguilar 19-06-2014 01:06
Ohh.... no sabía que ese pueblito era el creador... que bien!
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